Para adultos

¿Podemos confiar realmente en la Biblia?

Para el creyente de treinta años que todavía lleva una pregunta callada.

Imagina a un hombre de sesenta y un años. Llamémoslo José — no es una persona real, es el retrato de muchos. En su estante descansa una Biblia con el lomo partido, que su madre le regaló el año en que se casó. La letra de ella sigue en los márgenes. Ha llevado ese libro por un funeral, un despido, la larga enfermedad de una hija y más mañanas de sábado de las que puede contar. Y sin embargo, una noche, solo en la casa silenciosa, la puso sobre sus rodillas e hizo la pregunta que nunca había dicho en voz alta: «¿Es de verdad Dios quien me habla, o solo un buen libro que heredé?»

Si esa pregunta ha pasado alguna vez por tu mente, no eres un incrédulo. Eres honesto. La mayoría de quienes la hacen no se burlan de la Escritura; están cansados. Han leído las promesas, han visto que algunas tardaron veinte años y han enterrado a personas por las que oraban. Ese cansancio merece una respuesta real, no un regaño. Comencemos, pues, donde comienza la Biblia: por lo que ella dice de sí misma.

«Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruído para toda buena obra.»2 Timoteo 3:16-17

La palabra clave es inspirada. La Escritura no dice que fue simplemente aprobada por Dios, ni admirada por Dios. Dice que fue exhalada por Dios, y que es útil: para enseñar, para corregir, para dejar a un hombre o una mujer común plenamente equipado para toda buena obra. La Biblia no se dio para ganar discusiones. Se dio para equiparte para la vida que realmente estás viviendo.

Pero ¿cómo llegó hasta nosotros? No por un comité, ni por ambición humana.

«Porque la profecía no fue en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo.»2 Pedro 1:21

Dios usó a personas reales: pastores de ovejas, pescadores, un médico, un rey, y sus huellas están por todo el texto. Sin embargo, detrás de sus manos hay una sola Voz, una sola historia, un solo Salvador. Por eso libros escritos a lo largo de siglos por gente que jamás se conoció siguen sosteniéndose juntos.

Y ese libro ha sido guardado. A partir de 1947 se hallaron rollos en cuevas cerca del Mar Muerto. Entre ellos había un rollo completo de Isaías, unos mil años más antiguo que las copias conocidas hasta entonces, y concuerda estrechamente con ellas. Ese hallazgo no obliga a nadie a creer. Pero responde con serenidad al temor de que las palabras se hayan alejado hasta volverse irreconocibles.

Tal vez has orado veinte años sobre una promesa y la has visto llegar despacio, o con una forma que nunca imaginaste. Una promesa lenta no es una promesa rota. La palabra de Dios ha sobrevivido a todos los imperios que se burlaron de ella, y sobrevivirá también a nuestra impaciencia.

«Sécase la hierba, cáese la flor: mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.»Isaías 40:8

Isaías escribió eso a gente que había visto marchitarse todo aquello en lo que confiaba: las cosechas, los reyes, las murallas de la ciudad. En un mundo donde todo es temporal, Dios ofrece una sola cosa que no lo es. Jesús dijo lo mismo de sus propias palabras, con más peso todavía.

«El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.»Mateo 24:35

Aquí está la diferencia que importa a nuestra edad. Un buen libro da información, y la información ayuda hasta el día en que ya no ayuda: hasta el diagnóstico, la separación, la llamada de las dos de la madrugada. Una Palabra viva te da algo firme donde apoyarte cuando tus propias fuerzas se acaban. Leer un poco cada mañana, aunque sean unos versículos antes de que la casa despierte, hará más por tu resistencia que un estante de libros leídos una sola vez. Si quieres un ritmo diario sencillo, nuestra página de lectura diaria es un buen lugar para empezar.

«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.»Salmo 119:105

Fíjate en lo modesta que es esa promesa. Una lámpara para los pies y una luz para el camino, no un reflector sobre los próximos treinta años. Dios rara vez le muestra el camino entero a un padre cansado. Le muestra el siguiente paso, y se lo muestra con fidelidad. Eso basta para esta noche.

Lo que hace confiable a este libro no es nuestra seguridad acerca de él, sino el carácter de Aquel que habló.

«Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad.»Juan 17:17

Jesús dijo eso mientras oraba por sus amigos, horas antes de ser arrestado. Puso la verdad misma sobre la Palabra. Y cuando resucitó y caminó con dos viajeros de corazón quebrantado, no empezó con pruebas de su propia resurrección. Abrió las Escrituras.

«Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían.»Lucas 24:27

Ese es el corazón del asunto. La Biblia no trata, en el fondo, de reglas ni de cuadros proféticos. Trata de una Persona que vino a buscarte. Léela así y dejará de ser un libro que heredaste para volverse una carta dirigida a ti. Compruébalo mientras avanzas: los creyentes de Berea escudriñaban cada día las Escrituras para ver si lo que se les decía era así, y por eso fueron elogiados (Hechos 17:11). Elena G. de White recuerda en «El Conflicto de los Siglos» que la Biblia es la norma de nuestra fe, y que Dios la preservó para que la gente común pudiera leerla por sí misma. Las preguntas honestas son bienvenidas aquí.

Así que baja esta noche el libro viejo, con lomo partido y todo. Lee un párrafo despacio. Pídele a Dios que te hable por medio de él. Lo has cargado treinta años; deja que ahora te cargue a ti. El cielo y la tierra pasarán. Sus palabras, no.

Una pregunta antes de irte

Querido amigo, el Dios que habló en este libro sigue queriendo ser conocido, no solo citado. ¿Te gustaría conocer mejor a Jesús? ¿Te gustaría estudiar la Biblia con alguien que de verdad te escuche y responda tus preguntas honestas? No tienes que resolverlo solo.

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Para llevar a casa

«Sécase la hierba, cáese la flor: mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.»Isaías 40:8

Para reflexionar:

Para líderes de grupos pequeños y familias

10 Mitos contra Verdades

MitoVerdad (con la Biblia)
La Biblia es solo un libro inventado por hombres.Toda Escritura es inspirada divinamente (2 Timoteo 3:16-17).
Los autores escribieron simplemente lo que quisieron.Hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo (2 Pedro 1:21).
Es demasiado antigua para hablar a mi vida.La palabra del Dios nuestro permanece para siempre (Isaías 40:8).
Todo se desvanece, y estas palabras también.El cielo y la tierra pasarán, mas sus palabras no (Mateo 24:35).
La Biblia no sirve para las decisiones reales.Es lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino (Salmo 119:105).
La verdad cambia con cada generación.Jesús oró: tu palabra es verdad (Juan 17:17).
El Antiguo Testamento no tiene que ver con Jesús.Declaró en todas las Escrituras lo que de él decían (Lucas 24:27).
Tener fe es no comprobar nunca nada.Los de Berea escudriñaban cada día las Escrituras (Hechos 17:11).
La Biblia solo me da información.La palabra de Dios es viva y eficaz, y discierne el corazón (Hebreos 4:12).
Después de tanto tiempo ya no se puede fiar de ella.El principio de tu palabra es verdad (Salmo 119:160).

Fuentes

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