Para niños

¿Cómo sé que estoy realmente perdonado?

¿Qué pasa con tu "perdón" cuando se lo das a Dios?

Imaginemos una historia inventada. Un niño llamado Leo juega a la pelota en la sala. Bote, bote... ¡CRAC! La taza azul favorita de mamá se cae y se rompe. Cuando mamá llega, Leo dice: "¡Fue el gato!" Pero todo el día, Leo siente la pancita pesada, como si se hubiera tragado una piedra grande. No puede reírse. Ni siquiera disfruta su galleta. ¿Alguna vez has sentido la pancita pesada así? Ese sentimiento pesado te quiere decir algo. ¡Y Dios tiene una respuesta maravillosa para ti!

Esa noche, Leo no puede dormir. Así que va de puntitas a donde está mamá y le susurra: "Rompí tu taza. Y dije una mentira. Perdóname." Mamá lo abraza fuerte. Luego se arrodillan juntos, y Leo le dice a Dios: "Perdóname, Dios. Por favor, perdóname." ¿Y adivina qué dice la Biblia que hace Dios cuando le decimos la verdad?

"Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad."1 Juan 1:9

"Confesar" es decirle a Dios la verdad sobre lo malo que hicimos. Y Dios es "fiel" — eso quiere decir que siempre cumple su promesa. No a veces. ¡Siempre! Cuando le pides perdón a Dios, él no te dice "tal vez". Te perdona.

Pero Dios hace todavía más. ¡Limpia tu corazón! Piensa en una camiseta blanca con una gran mancha de jugo rojo. Frotas y frotas, y no sale. Pero Dios puede hacer que un corazón todo rojo y sucio quede blanco, blanco, blanco — como la nieve fresquita y la suave lana de un corderito.

"Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana."Isaías 1:18

Entonces, ¿a dónde van nuestros pecados cuando Dios los perdona? ¿Los guarda en una caja para mostrárnoslos después? ¡No! Señala con una mano hacia donde sale el sol, y con la otra hacia donde se esconde. ¡Estírate, estírate más! ¿Pueden tocarse tus manos? ¡No! Así de lejos aleja Dios nuestros pecados de nosotros.

"Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones."Salmos 103:12

Y aquí hay otra imagen. Imagina que lanzas una piedrita al océano. ¡Plof! Baja, baja, baja, hasta el fondo del mar profundo y oscuro, donde nadie la podrá encontrar jamás. La Biblia dice que Dios echa nuestros pecados allí — y lo hace porque nos ama muchísimo.

"Él tornará, él tendrá misericordia de nosotros; él sujetará nuestras iniquidades, y echará en los profundos de la mar todos nuestros pecados."Miqueas 7:19

Pero ¿y si al día siguiente tu pancita todavía se siente un poco pesada? ¿Y si una vocecita en tu cabeza te susurra: "Dios sigue enojado contigo"? Aquí va un secreto: los sentimientos pueden equivocarse. A veces tardan en entender. Pero la promesa de Dios siempre es verdad. Cuando perteneces a Jesús, ya no estás "castigado" delante de Dios.

"Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús."Romanos 8:1

Tus sentimientos quizás digan "tal vez", pero la promesa de Dios dice: "¡SÍ — estás perdonado!"

¿Cómo puede Dios perdonarnos así? Porque Jesús pagó por eso. Jesús te amó tanto que murió en la cruz y resucitó, para que el perdón fuera un regalo gratis para ti. No lo puedes comprar con dinero ni ganártelo portándote súper bien. Solo abres tus manos y dices: "¡Gracias, Jesús!"

"En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia."Efesios 1:7

Y cuando Dios nos perdona, algo cambia por dentro: también queremos arreglar las cosas con los demás. Leo le pidió perdón a mamá y la ayudó a recoger los pedacitos. En la Biblia, un hombre llamado Zaqueo conoció a Jesús y quiso devolver lo que había quitado (Lucas 19:8). Podemos pedir perdón, devolver lo que no es nuestro o ayudar a reparar lo que rompimos. No para que Dios nos ame — ¡sino porque ya nos ama!

En su libro El Camino a Cristo, en los capítulos sobre el arrepentimiento, la confesión y la fe y aceptación, Elena G. de White explica que no tenemos que hacernos buenos antes de venir a Jesús. Podemos venir tal como somos. Cuando le confesamos nuestros pecados y le entregamos el corazón, Dios nos acepta por causa de Jesús. ¡Qué buena noticia!

¿Quieres aprender más? Pídele a un adulto que explore contigo el estudio bíblico gratuito «El perdón: por fin libre». También puedes visitar nuestras Preguntas frecuentes (FAQ) y nuestra página Camino de fe.

Una pregunta antes de irte

¿Tienes algo pesado en la pancita hoy? Puedes decírselo a Dios ahora mismo — él te escucha y te ama. ¿Te gustaría a ti y a tu familia conocer mejor a Jesús y estudiar la Biblia juntos? Nos encantaría acompañarte. ¡Pídele a un adulto que nos escriba!

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Hoja para llevar a casa

"Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados."1 Juan 1:9

Actividad divertida: Toma una hoja de papel y garabatea una nube oscura por algo malo que hiciste (no tienes que escribir qué fue). Ora y dile a Dios que lo sientes. Luego rompe la hoja en pedacitos muy pequeños y, con un adulto, échalos en un tazón grande con agua — tu "mar profundo" (Miqueas 7:19). ¡Mira cómo se hunden! Después dibuja un copo de nieve blanco en una hoja limpia y escribe: "¡Perdonado!" (Isaías 1:18).

Para padres y maestros

10 Mitos contra Verdades

MitoVerdad (con la Biblia)
Dios sigue enojado aunque yo pida perdón.Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos (1 Juan 1:9).
Dios perdona solo un poquito.Él nos limpia de TODA maldad (1 Juan 1:9).
Algunos pecados son demasiado sucios para limpiarse.Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos (Isaías 1:18).
Dios guarda mis pecados muy cerca de él.Cuanto está lejos el oriente del occidente, así los aleja de nosotros (Salmos 103:12).
A Dios le gusta sacar mis pecados viejos.Echará en los profundos de la mar todos nuestros pecados (Miqueas 7:19).
A Dios no le importa cómo me siento.Él tendrá misericordia de nosotros (Miqueas 7:19).
Si todavía me siento mal, es que sigo castigado.Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1).
Tengo que ganarme el perdón portándome súper bien.El perdón viene por las riquezas de su gracia (Efesios 1:7).
El perdón no costó nada.Tenemos redención por la sangre de Jesús (Efesios 1:7).
Cuando Dios me perdona, no tengo que arreglar nada.Zaqueo conoció a Jesús y prometió devolver lo que había quitado (Lucas 19:8).

Fuentes

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Ministère du Pasteur Clément Salomon — Guiando el corazón de los niños al amor de Jesús
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