La respuesta honesta de la Biblia — y el Dios que llora con usted
En algún lugar, esta noche, una abuela está sentada en una silla de plástico en el pasillo de un hospital. Ya pasaron las dos de la madrugada. No está discutiendo teología. No busca una respuesta ingeniosa. Aprieta el borde de su vestido con las dos manos y susurra una sola palabra, una y otra vez: ¿Por qué?
Si alguna vez usted susurró esa palabra, este estudio es para usted. Y lo primero que debe saber es esto: la pregunta no ofende a Dios. La Biblia está llena de personas que la gritaron en voz alta — y Dios siguió hablándoles.
Muchos hacen la pregunta en el lugar equivocado. Comienzan con: «¿Por qué Dios hizo esto?» La Biblia empieza en otro lugar. Cuando Dios terminó de hacer el mundo, lo miró y dijo que era «bueno en gran manera» (Génesis 1:31). Sin tumbas. Sin hambre. Sin hospitales. Ese era Su diseño.
Después entró en el huerto algo que Dios nunca plantó. Una voz, en Edén, dijo la primera mentira que se dijo acerca de Dios:
Esa mentira insinuaba que no se podía confiar en Dios — y en el momento en que fue creída, el mundo se quebró. Cada funeral desde entonces es una réplica de aquel temblor. Jesús explicó lo mismo con la historia de un labrador cuyo campo bueno amaneció lleno de mala hierba. Los obreros preguntaron de dónde salió. La respuesta del dueño es una de las frases más importantes de la Escritura:
Vuelva a leer esa línea si le ha reclamado a Dios por una tumba. Jesús dijo que la mala hierba tiene un autor, y no es el Labrador.
La Biblia descorre la cortina y nos muestra algo estremecedor: este planeta no es un rincón tranquilo del universo. Es un campo de batalla en un conflicto que empezó en el cielo.
Un enemigo real. Una rebelión real. Y fíjese cómo termina el pasaje — con una advertencia y una cuenta regresiva:
Dos verdades caben en ese versículo a la vez. Primera: gran parte del dolor de este mundo es la rabia de un enemigo derrotado, no la voluntad de un Padre amoroso. Segunda — y no la pase por alto — le queda poco tiempo. La guerra es real, pero no es interminable, y su desenlace no está en duda.
Hay en la Biblia un libro entero escrito para quien está en ese pasillo de hospital: el libro de Job. En un solo día Job perdió sus bienes, sus siervos y sus diez hijos. Después perdió la salud.
Esto es lo que hace tan valioso el libro: al lector se le muestra la parte que Job nunca vio. En los capítulos 1 y 2, los desastres vienen de Satanás, no de Dios — y Dios pone límites a lo que el enemigo puede tocar (Job 1:12; 2:6). Los amigos de Job se equivocaron por completo. Insistían en que él había pecado. Estaban seguros, eran religiosos, y estaban totalmente equivocados — y al final Dios los reprendió (Job 42:7).
Y aquí está lo más honesto de todo el libro: Job nunca recibió una explicación. Dios jamás le mostró los capítulos 1 y 2. Lo que Job recibió fue a Dios mismo — y le bastó. A veces la respuesta al «por qué» no es información. Es una Persona.
Solemos imaginar a Dios muy por encima del sufrimiento, de brazos cruzados, mirando. La Biblia muestra lo contrario. Párese junto a la tumba de Lázaro y observe qué hace Dios encarnado frente al dolor humano. Sabe que ese hombre estará vivo en diez minutos. Aun así, llora.
Tres palabras. Le dicen que sus lágrimas no le estorban al cielo. El profeta ya lo había dicho siglos antes:
Y luego, en la cruz, Dios hizo lo que ninguna otra religión afirma de su dios: se metió Él mismo dentro del sufrimiento. Jesús fue traicionado, golpeado, abandonado, y clamó en la oscuridad. Así que cuando usted pregunta: «Señor, ¿sabes lo que se siente?» — las cicatrices responden antes que Él.
Sí. Y un día lo hará. ¿Por qué la espera, entonces? La Biblia da una razón incómoda, pero profundamente bondadosa:
Cada día que Dios espera es un día más para que alguien pueda volver a casa. Si Él hubiera cerrado la historia el año pasado, algunas de las personas por las que usted ora no estarían dentro. La demora no es indiferencia. Es la misericordia sosteniendo la puerta abierta — y esa puerta sigue abierta para usted esta noche.
Este versículo se cita en los funerales, a veces con torpeza. Léalo despacio, palabra por palabra:
No dice que todo lo que sucede es bueno. El cáncer no es bueno. El maltrato no es bueno. Dice que Dios puede tomar lo que Él nunca quiso y hacerlo trabajar — tejerlo — hacia algo bueno. José se lo dijo a los hermanos que lo vendieron: «Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó á bien» (Génesis 50:20). Dios no es el autor de su dolor. Es su Redentor.
Y hay un propósito que quizá no ha considerado. Pablo escribió que Dios «nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia» (2 Corintios 1:4). Los que mejor ayudan a los que sufren casi siempre son personas que han sufrido. Su peor temporada puede convertirse en el salvavidas de otro.
Jesús nunca prometió a Sus seguidores una vida sin dolor. Fue más honesto que eso — y más esperanzador:
Él vino a poner fin a esto, y lo dijo con claridad: «Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo» (1 Juan 3:8). La cruz fue el punto de giro. El regreso de Jesús será el final. Y el último capítulo ya está escrito:
Note quién seca las lágrimas. No un ángel. Dios mismo se inclina hasta su rostro. Y cuando termine, será para siempre — «no se levantará dos veces la tribulación» (Nahúm 1:9).
Así que la respuesta bíblica al sufrimiento no es una fórmula. Es esta: Dios no lo comenzó. Dios sufre con usted dentro de él. Dios saca bien de él. Y Dios ya fijó el día en que lo terminará.
¿Qué está cargando ahora mismo que nunca le ha dicho a Dios en voz alta? No tiene que ser fuerte ni tener las palabras correctas. Puede simplemente decir: «Señor, no entiendo — pero no te suelto.» Esa oración ha sostenido a personas más golpeadas de lo que usted imagina.
Si está sufriendo, busque también a personas que puedan ayudarle en persona: un pastor, un amigo de confianza o un profesional calificado. Este estudio es aliento espiritual, no consejo médico. En una emergencia, llame al 911.
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¿Por qué Dios permite el sufrimiento? — versión de bolsillo
| Mito | Hecho (con la Biblia) |
|---|---|
| 1. Dios manda enfermedad y desastres para castigar. | «Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta á alguno» (Santiago 1:13). Jesús negó que las víctimas de una tragedia fueran peores pecadores (Lucas 13:1-5). |
| 2. Si usted sufre, es por pecado oculto o fe débil. | Del ciego de nacimiento Jesús dijo: «Ni éste pecó, ni sus padres» (Juan 9:3). Dios mismo llamó a Job «perfecto y recto» antes de las pérdidas (Job 1:8). |
| 3. Dios causó los desastres de Job. | La Escritura los atribuye a Satanás, y Dios puso límites a lo que podía tocar (Job 1:12; 2:6-7). |
| 4. El sufrimiento era parte del plan original de Dios. | La creación terminada era «buena en gran manera» (Génesis 1:31). Del campo arruinado Jesús dijo: «Un hombre enemigo ha hecho esto» (Mateo 13:28). |
| 5. Dios está lejos y no siente nuestro dolor. | «Y lloró Jesús» (Juan 11:35); «llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores» (Isaías 53:4); está «cercano... á los quebrantados de corazón» (Salmo 34:18). |
| 6. Un Dios bueno y poderoso ya habría acabado con el mal — así que no es ni bueno ni poderoso. | Ya dio el golpe decisivo (1 Juan 3:8) y espera solo para que más se salven (2 Pedro 3:9). El enemigo «tiene poco tiempo» (Apocalipsis 12:12). |
| 7. Un cristiano de verdad no debería llorar a sus muertos. | Pablo dice que no nos entristezcamos «como los otros que no tienen esperanza» (1 Tesalonicenses 4:13) — duelo con esperanza, no ausencia de duelo. Jesús lloró, y se nos manda «llorar con los que lloran» (Romanos 12:15). |
| 8. Sufrir significa que Dios me abandonó. | «No te desampararé, ni te dejaré» (Hebreos 13:5). Nada «nos podrá apartar del amor de Dios» (Romanos 8:38-39). |
| 9. Romanos 8:28 significa que todo lo que pasa es bueno. | Dice que todas las cosas «ayudan á bien» a los que aman a Dios — Él redime lo que no causó, como con José: «Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó á bien» (Génesis 50:20). |
| 10. Con suficiente fe, la sanidad y una vida sin problemas están garantizadas ahora. | A Pablo se le respondió: «Bástate mi gracia» (2 Corintios 12:7-9); no todos los fieles fueron librados en esta vida (Hebreos 11:35-39). Jesús anunció aflicción ahora y sanidad completa al final (Juan 16:33; Apocalipsis 21:4). |
Este estudio se basa en la Biblia y refleja las creencias publicadas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Verifique todo usted mismo: