Si Dios es justo, ¿cómo puede perdonar a gente como nosotros? La respuesta es una colina cerca de Jerusalén — y una tumba que encontraron vacía.
«Pastor, usted no sabe lo que yo hice. Un Dios justo no puede decir simplemente: “Olvidémoslo”».
Roland tiene cuarenta y un años. Maneja un camión de reparto en Boston. Es fuerte, trabaja duro y no llora con facilidad. Pero esa noche, después del estudio bíblico, se quedó sentado mientras todos se iban a casa.
«Ustedes hablan de perdón», dijo. «Pero yo me conozco. Cosas que hice cuando era joven. Cosas que hice el año pasado. Si Dios es de verdad justo, alguien tiene que pagar».
El pastor no discutió. Se sentó a su lado y le dijo: «Tienes razón, Roland. Un Dios justo no puede decir “olvidémoslo”. Alguien tiene que pagar».
Roland levantó la vista, sorprendido. Luego, muy despacio, contó una historia que nunca le había contado a nadie.
Cuando tenía catorce años, en Les Cayes, Haití, jugaba fútbol en el mercado con sus amigos. Pateó el balón fuerte — demasiado fuerte. El balón voló directo a la mesa de Madan Jozèf. Platos, vasos, tazas — todo lo que ella tenía para vender se estrelló contra el suelo.
Roland salió corriendo. Se escondió toda la tarde. Esa noche esperaba que su padre, Papa Sérafin, le pegara. Pero su padre solo lo miró largo rato y le dijo: «La próxima vez, mira hacia dónde pateas». Nada más.
Veinte años después, en el funeral de su padre, una anciana tomó la mano de Roland. Era Madan Jozèf. «Tu padre pagó cada plato», le susurró. «Trabajó dos meses de sábados para pagarme. Y me dijo: “No se lo digas al muchacho. No quiero que cargue con eso”».
A Roland se le quebró la voz. «Yo nunca lo supe».
Guarde esa historia. Porque lo que pasó en aquel mercado de Les Cayes es un pequeño retrato de lo más grande que ha ocurrido jamás en el universo.
Mucha gente piensa que perdonar es fácil para Dios. Él es grande, es bueno — ¿por qué no borrarlo todo?
Pero piénselo. Si un juez dejara libre a cada ladrón y a cada abusador diciendo «olvidémoslo», ¿lo llamaría usted bueno? No. Diría que es injusto. En nuestro último estudio vimos que Dios es un Dios de justicia — «El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?»
Y la Biblia es honesta sobre nosotros:
Todos. No solo «los malos». Roland. Usted. Yo. Y el pecado no es cosa pequeña. Lo rompe todo — corazones, familias, confianza, vidas. Como platos en el suelo de un mercado, no se puede simplemente volver a poner sobre la mesa. La Biblia dice adónde lleva:
Este es, entonces, el problema: Dios es justo, y Dios nos ama. ¿Cómo puede ser ambas cosas? Alguien tiene que pagar los platos.
Unos setecientos años antes de que naciera Jesús, el profeta Isaías vio a Alguien que cargaría con lo que no era suyo:
Léalo despacio. Nuestras rebeliones. Nuestros pecados. Nuestra paz. Y todo cae sobre Él.
Eso es exactamente lo que pasó en la cruz. Jesús vivió una vida perfecta — la vida que nosotros no podíamos vivir. Nunca pecó, ni una sola vez. Y luego tomó nuestro lugar:
¿Ve el intercambio? Él toma nuestro pecado. Nosotros recibimos su justicia. Es como Papa Sérafin tomando la deuda de los platos rotos — y el muchacho volviendo a casa libre.
Pedro, que huyó la noche en que arrestaron a Jesús, lo escribió después así: «El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero» (1 Pedro 2:24).
Algunos se imaginan a un Padre enojado en el cielo y a un Hijo bondadoso que tuvo que calmarlo. Eso no es lo que dice la Biblia. Mire el versículo más famoso del mundo:
La cruz no fue la ira del Padre contra el Hijo. Fueron el Padre y el Hijo — juntos, con el Espíritu Santo — pagando el precio del amor. Y fíjese cuándo lo hizo:
No después de que nos arregláramos. No después de prometer que lo haríamos mejor. Siendo aún pecadores. Como un padre que paga los platos que rompió su hijo — antes de que el hijo supiera siquiera que debía pedir perdón.
Y nadie obligó a Jesús. Él dijo: «Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo» (Juan 10:18). Él escogió la cruz. Por usted.
Ahora podemos responder a la pregunta de Roland. Pablo explica por qué Dios presentó a Jesús en la cruz:
Justo — porque el pecado no fue ignorado. Se pagó su precio completo. El que justifica — porque Aquel que lo pagó ofrece ese pago a todo el que cree. Dios no bajó el precio. Lo pagó Él mismo.
Aun mientras clavaban los clavos, Jesús oraba por los hombres que sostenían los martillos: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34). Si pudo perdonarlos a ellos, puede perdonar a Roland. Puede perdonarle a usted.
Y justo antes de morir, pronunció una frase que en el griego del Evangelio es una sola palabra. Una palabra que significa completado, terminado, no queda nada:
No «casi consumado». No «tú termina lo demás». Consumado es.
Si la historia terminara el viernes, sería la historia más triste jamás contada. Un hombre bueno, muerto en una cruz. Una piedra pesada. Soldados en la puerta.
Pero muy temprano el primer día de la semana, unas mujeres llegaron al sepulcro con especias, llorando. Y un ángel las estaba esperando:
Venid, ved. La resurrección no es una idea bonita ni un símbolo. Es algo que la gente vio. Pablo la llama el mensaje más importante de todos:
¿Por qué importa tanto? Porque la tumba vacía es el recibo de Dios. Es su anuncio público: el pago fue aceptado. El pecado y la muerte perdieron.
Años después, el apóstol Juan vio a Jesús resucitado en una visión. Jesús le dijo:
Las llaves del sepulcro — en la mano de Aquel que le ama. Eso cambia cómo miramos cada cementerio. («Infierno» aquí traduce la palabra griega hades, que en este versículo significa la tumba, el lugar de los muertos.)
«Primicias» significa la primera parte de la cosecha — la promesa de que el resto viene. Los que mueren confiando en Jesús duermen, esperando su voz (nuestro estudio «¿Qué pasa realmente cuando morimos?» lo explica). Jesús dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25).
La cruz dice: tu pecado está pagado. La tumba vacía dice: la muerte no tiene la última palabra. Juntas dicen: Dios es justo, Dios es amor, y Dios gana.
La Iglesia Adventista del Séptimo Día resume esta enseñanza bíblica así: en la vida de perfecta obediencia de Cristo, en su sufrimiento, muerte y resurrección, Dios proveyó el único medio de expiación del pecado humano, para que quienes lo aceptan por la fe tengan vida eterna; la cruz condena nuestro pecado y provee nuestro perdón, y la resurrección corporal de Cristo proclama la victoria de Dios sobre el mal y asegura la victoria final sobre el pecado y la muerte a todos los que lo aceptan (Creencia fundamental n.º 9, «Vida, muerte y resurrección de Cristo»).
Un regalo que ya está pagado todavía hay que recibirlo. Usted no lo gana. No puede añadirle nada. Simplemente dice que sí. Pablo lo hizo:
Me amó. Se entregó por mí. Ponga allí su propio nombre. Dígale la verdad sobre lo que ha hecho. Agradézcale por haber pagado. Y déjele darle una vida nueva — no para que Él le ame, sino porque ya le ama. (Nuestro estudio «Salvos por gracia» profundiza en esto.)
Esa noche el pastor abrió su Biblia en 2 Corintios 5:21 y se la dio a Roland. «Léelo en voz alta», le dijo. «Pero donde dice “nosotros”, di tu propio nombre».
Roland leyó: «Al que no conoció pecado, hizo pecado por Roland, para que Roland fuese hecho justicia de Dios en él».
Se detuvo. Por largo rato, nadie habló.
«Son los platos», dijo por fin. «Mi padre pagó, y yo nunca lo supe. Y Jesús pagó — y yo todos estos años he tratado de pagarlo yo mismo».
Oraron juntos. Roland no se sintió otro hombre de inmediato. Pero volvió a casa más liviano de lo que se había sentido en veinte años.
La primavera siguiente voló a Les Cayes. Se paró ante la tumba de su padre con flores en la mano. Y por primera vez, no estaba solamente triste.
«Papá, estás durmiendo», dijo en voz baja, en criollo. «Pero la tumba de Jesús está vacía. Él tiene las llaves. Te veré en la mañana».
Lo que usted haya roto, Jesús ya lo pagó. A quien usted haya perdido en la muerte, Jesús tiene las llaves. La cruz y la tumba vacía son la manera en que Dios le dice: soy justo, te amo y te llevo a casa. ¿Le dirá que sí hoy?
¿Ha estado tratando de pagar usted mismo sus propios «platos rotos»? ¿Carga una culpa que pensaba que Dios nunca podría borrar?
Ya está pagado. Sería un honor para nosotros orar con usted, abrir la Biblia con usted y ayudarle a recibir lo que Jesús hizo por usted, tal como es.
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No se pierda lo que viene. La cruz no solo nos devuelve a Dios — también nos devuelve los unos a los otros. Haitianos, franceses, estadounidenses, latinos: ¿podemos de verdad ser una sola familia? Nuestro próximo estudio: «Uno en Cristo: la unidad en la familia de Dios». Suscríbase ahora para recibirlo en cuanto salga. Si espera, tendrá que venir a buscarlo. 🔔
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La cruz y la tumba vacía: por qué Jesús murió y resucitó — versión de bolsillo
| Mito | Realidad (con la Biblia) |
|---|---|
| 1. Dios el Padre estaba enojado, y Jesús tuvo que convencerlo de amarnos. | «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito» (Juan 3:16). «Dios encarece su caridad para con nosotros» (Romanos 5:8). |
| 2. Dios podría simplemente ignorar el pecado y decir «olvidémoslo». | «La paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23). En la cruz Dios se muestra «el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús» (Romanos 3:26). |
| 3. Jesús fue un buen hombre atrapado por sus enemigos, una víctima sin opción. | «Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo» (Juan 10:18). |
| 4. Mis pecados son demasiado grandes para la cruz. | «Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros» (Isaías 53:6). Incluso oró por los que lo crucificaban: «Padre, perdónalos» (Lucas 23:34). |
| 5. Jesús pagó una parte, y yo debo pagar el resto con buenas obras. | «Consumado es» (Juan 19:30). Somos «justificados gratuitamente por su gracia» (Romanos 3:24). |
| 6. La resurrección es solo un símbolo o una idea bonita. | «Fué sepultado, y... resucitó al tercer día» (1 Corintios 15:4). «Venid, ved el lugar donde fué puesto el Señor» (Mateo 28:6). |
| 7. La cruz es solo para gente muy religiosa o muy buena. | «Todo aquel que en él cree, no se pierda» (Juan 3:16). Cristo murió por nosotros «siendo aún pecadores» (Romanos 5:8). |
| 8. La muerte tiene la última palabra. | Jesús tiene «las llaves del infierno y de la muerte» (Apocalipsis 1:18). «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?» (1 Corintios 15:55). |
| 9. Como Jesús pagó por el pecado, no importa cómo vivo. | Llevó nuestros pecados «para que nosotros siendo muertos á los pecados, vivamos á la justicia» (1 Pedro 2:24); «vive Cristo en mí» (Gálatas 2:20). |
| 10. La resurrección de Jesús no tiene nada que ver con mis seres queridos que murieron. | Cristo es «primicias de los que durmieron» (1 Corintios 15:20); «el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25). |
Este estudio se basa en la Biblia y refleja las creencias publicadas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Verifíquelo todo usted mismo:
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