No es un edificio — es un pueblo. Y hay un lugar para usted.
Wilner salió de Cabo Haitiano hace tres años. En su nueva ciudad trabajaba de noche en un almacén y de día hacía entregas. ¿La iglesia? Tenía la respuesta lista: «Tengo mi Biblia en el teléfono. Oro en el carro. Con eso me basta.»
Entonces, una fría mañana de febrero, sonó su teléfono. Su madre había muerto en su tierra. No podía viajar. Ni siquiera podía tomar el día libre.
Esa noche estaba sentado solo en su apartamento, con el teléfono apagado en la mano. Tocaron a la puerta. Era la hermana Mirlande, de la pequeña iglesia que él había visitado dos veces, con una olla de sopa caliente. Detrás de ella había tres personas más. Nadie predicó. Se sentaron con él. Cantaron bajito el himno favorito de su madre. Oraron. Se quedaron hasta tarde.
Cuando la puerta se cerró, Wilner recordó un dicho de su abuela: «Yon sèl dwèt pa manje kalalou» — un solo dedo no puede comer el quimbombó.
Esa noche empezó a entender lo que la Biblia ha dicho siempre. Dios nunca quiso que nadie siguiera a Jesús solo.
Cuando decimos «iglesia», casi todos pensamos en paredes, bancas y un campanario. Pero la palabra que usa el Nuevo Testamento significa una asamblea — personas llamadas a reunirse. La primera vez que Jesús la usa, acaba de preguntar a sus discípulos quién es Él para ellos. Pedro responde: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16:16). Y Jesús dice:
Fíjese en unas pocas palabras. «Edificaré.» Jesús es quien edifica. «Mi iglesia.» Le pertenece a Él — no a un pastor, no a una familia, no a un país. Y descansa sobre una roca que no se agrieta: Cristo mismo. Pablo lo dice claramente: «Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo» (1 Corintios 3:11).
Si alguna vez ha vivido lejos de su tierra, sabe lo que es ser «el extranjero» — el acento, los papeles, las miradas. Ahora lea lo que Dios dice a todo el que viene a Jesús:
«Domésticos de Dios» — es decir, de su casa, de su familia. No invitados. No visitantes con una visa temporal. Familia. Y esta familia está edificada sobre una sola piedra angular — «siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo» (Efesios 2:20). En Él, personas que no tenían nada en común llegan a ser hermanos y hermanas.
Pablo da una segunda imagen, y a la abuela de Wilner le habría encantado:
Un cuerpo tiene ojos, manos y pies. Son diferentes, y cada uno hace falta. «Ni el ojo puede decir a la mano: No te he menester» (1 Corintios 12:21). Un solo dedo no come el quimbombó — y un solo creyente no puede ser todo el cuerpo.
¿Y cuando una parte sufre? «Si un miembro padece, todos los miembros a una se duelen» (1 Corintios 12:26). Eso es lo que significa una olla de sopa en la puerta.
Pero ¿quién dirige este cuerpo? No la voz más fuerte del salón:
Él — Jesús. Todo líder humano es solo un siervo. La Cabeza es Cristo.
Aquí hay un versículo para leer despacio:
No la amó porque fuera perfecta. Se entregó para hacerla limpia — «santa y sin mancha» (Efesios 5:27). La iglesia fue ganada «por su sangre» (Hechos 20:28).
Por eso la iglesia no es un museo para santos. Se parece más a una clínica. Jesús mismo lo dijo: «Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Marcos 2:17).
Tal vez personas de la iglesia le han herido. Ese dolor es real, y Dios no le pide que finja que no existe. Pero escuche esto: quienes le hirieron no eran Jesús. Él es la Cabeza, y nunca ha dejado de amarle. Un corazón herido es bienvenido en su familia.
¿Qué hace una iglesia cuando está sana? Mire la primera de todas, justo después de Pentecostés:
Cuatro cosas sencillas. Aprendían la Palabra de Dios. Compartían la vida. Comían juntos. Oraban. Se reunían en el templo y «en las casas… con alegría y con sencillez de corazón» (Hechos 2:46). Y vea quién la hacía crecer: «el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos» (Hechos 2:47). No la edificó la gente. La edificó el Señor.
Usted puede orar en casa. ¡Debe hacerlo! Pero la Biblia dice algo más:
Nos reunimos para levantarnos unos a otros. El día en que su fe es pequeña, la fe de su hermano le sostiene. El día en que la de él es pequeña, la suya le sostiene a él. Y Jesús hace una promesa que vale hasta para el grupo más pequeño: «Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos» (Mateo 18:20).
Esta familia no existe solo para sí misma. Antes de volver al cielo, Jesús le dio una tarea:
«Todos los Gentiles» quiere decir todas las naciones. La iglesia es el medio de Dios para llevar la buena noticia a cada calle y a cada idioma. ¿Y cómo sabrá la gente que somos de Él? No por nuestros edificios. «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:35).
Un día esa misión quedará terminada. Juan vio el final de la historia: «una gran compañía, la cual ninguno podía contar, de todas gentes y linajes y pueblos y lenguas», de pie delante del trono (Apocalipsis 7:9). Todas las lenguas — la suya también.
Seamos claros en algo. Ir a la iglesia no salva a nadie. Jesús salva. «Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: No por obras» (Efesios 2:8-9). No venimos a la iglesia para ganarnos el amor de Dios. Venimos porque ya lo tenemos — y porque Él nos dio los unos a los otros.
El sábado siguiente, Wilner volvió a aquella pequeña iglesia. Los cantos no eran perfectos. La gente tampoco. Él tampoco. Pero por primera vez desde que salió de su tierra, alguien le llamó «frè» — hermano — y lo decía de verdad.
También hay un asiento con su nombre. Si usted no tiene una familia de iglesia, con gusto le ayudaremos a encontrar una congregación cerca de usted.
¿Está tratando de seguir a Jesús solo? Tal vez se mudó lejos de su tierra. Tal vez alguien le hirió. Tal vez la vida se llenó de ocupaciones, y un sábado se convirtió en un año.
Usted no fue hecho para cargar su fe solo. Para nosotros sería un honor orar con usted, estudiar la Biblia con usted, y ayudarle a encontrar una familia de creyentes donde usted vive.
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La iglesia: la familia de Dios — versión de bolsillo
| Mito | Hecho (con la Biblia) |
|---|---|
| 1. La iglesia es un edificio. | «Vosotros sois el cuerpo de Cristo» (1 Corintios 12:27); los creyentes son «como piedras vivas… una casa espiritual» (1 Pedro 2:5). |
| 2. La iglesia descansa sobre un líder humano. | «Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo» (1 Corintios 3:11); «él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia» (Colosenses 1:18). |
| 3. La iglesia es para quienes tienen la vida en orden. | «Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Marcos 2:17). |
| 4. Ir a la iglesia es lo que salva. | «Por gracia sois salvos por la fe… No por obras» (Efesios 2:8-9); «no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hechos 4:12). |
| 5. Puedo seguir a Jesús muy bien yo solo. | «No dejando nuestra congregación» (Hebreos 10:25); «ni el ojo puede decir a la mano: No te he menester» (1 Corintios 12:21). |
| 6. El ministerio es cosa del pastor solamente. | Los líderes son dados «para perfección de los santos, para la obra del ministerio» (Efesios 4:11-12); todos los creyentes son «real sacerdocio» (1 Pedro 2:9). |
| 7. Algunos miembros valen más que otros. | «Todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3:28); «todos vosotros sois hermanos» (Mateo 23:8). |
| 8. Un grupo pequeño no cuenta. | «Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos» (Mateo 18:20). |
| 9. La iglesia tiene defectos, así que Jesús la abandonó. | «Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla» (Efesios 5:25-26). |
| 10. La iglesia existe solo para sus propios miembros. | «Id, y doctrinad a todos los Gentiles» (Mateo 28:19); «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:35). |
Este estudio está fundado en la Biblia y refleja las creencias publicadas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Verifique todo usted mismo:
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