El hogar que Dios está preparando — y la puerta está abierta
Grann Odette construyó su casita en Puerto Príncipe un bloque a la vez. Cada bloque era un sacrificio — un mes sin carne, un vestido que nunca se compró. Le tomó once años.
El 12 de enero de 2010, bastó menos de un minuto para que las paredes se agrietaran.
Años después, su nieto Jonathan se sentó con ella bajo un árbol de mango y le hizo la pregunta que hacen los niños: «Abuela, cuando vayamos al cielo, ¿solo vamos a sentarnos en las nubes a tocar el arpa todo el día?»
Ella se rió y abrió su vieja Biblia. «¿Nubes? No, pitit. Escucha esto.» Su dedo se detuvo en una línea de Isaías. «Y edificarán casas, y morarán en ellas.» Golpeó la página dos veces. «¿Oyes? Casas. Y nadie volverá a agrietar la mía.»
Grann Odette tenía razón. Y lo que la Biblia dice de nuestro hogar eterno es mucho más real — y mucho mejor — de lo que a la mayoría le han contado.
Muchos sacamos nuestra imagen del cielo de los dibujos animados: túnicas blancas, nubes esponjosas y poco que hacer. Pero las últimas páginas de la Biblia describen algo muy diferente:
Una tierra nueva. Suelo firme bajo sus pies. Dios lo había prometido mucho antes por medio del profeta Isaías: «Porque he aquí que yo crío nuevos cielos y nueva tierra» (Isaías 65:17). Y el apóstol Pedro se aferraba a la misma promesa:
Dios no está tirando su creación. La está haciendo nueva — como Él la quiso en el Edén, antes de que el pecado lo rompiera todo.
Una casa es solo una casa. Lo que la convierte en hogar es quién vive allí con usted. Escuche la gran voz que Juan oyó del cielo:
En el Edén, el pecado nos separó de Dios. Durante miles de años Él ha trabajado para acortar esa distancia — por medio del santuario, de los profetas y, sobre todo, de Jesús, que vino a vivir entre nosotros. Toda la historia de la Biblia termina con Dios y su pueblo viviendo juntos otra vez, cara a cara (Apocalipsis 22:4).
Lea despacio. Esta es la lista de todo lo que desaparecerá para siempre:
No más funerales. No más salas de espera de hospital. No más llamadas en medio de la noche. No más despedidas en el aeropuerto. Isaías también lo pinta:
Y fíjese quién limpia las lágrimas. No un ángel. No un ayudante. Dios mismo. Cada lágrima que usted lloró en secreto, Él la vio — y un día limpiará la última.
Esta es una promesa sobre el futuro de Dios, no una promesa sobre cómo terminará una enfermedad hoy. Hoy oramos, confiamos y buscamos buena atención. Pero aquel día, el dolor se habrá terminado — para siempre.
Aquí entra el versículo de Grann Odette. Dios describe la vida en la tierra nueva con las cosas más sencillas y hermosas:
Construir. Plantar. Comer el fruto de su propio trabajo — y nadie se lo quitará (Isaías 65:22). Hasta los animales vivirán en paz: «El lobo y el cordero serán apacentados juntos… No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová» (Isaías 65:25).
Juan vio aún más:
Un río de vida. El árbol de la vida, abierto de nuevo (Apocalipsis 22:2). No más maldición — la que comenzó en el Edén (Génesis 3:17) por fin se quita. El cielo no es aburrido. Es la vida como siempre debió sentirse.
Y aun así, cada imagen de este estudio se queda corta. Pablo lo dijo así:
Piense en el lugar más hermoso que haya visto — las montañas de Kenscoff al amanecer, el mar en Labadee, la cocina de su abuela un domingo por la mañana. Dios dice: todavía no ha visto nada.
Entonces, ¿cómo llegamos allá? La noche antes de morir, Jesús hizo una promesa a sus amigos:
«De otra manera os lo hubiera dicho.» Jesús no hace promesas vacías. Él regresa — de verdad, visiblemente — para reunir a su pueblo, incluso a los que duermen en la tumba (1 Tesalonicenses 4:16-17; vea nuestros estudios «La Esperanza Bienaventurada» y «¿Qué sucede realmente cuando morimos?»). La Biblia describe después la ciudad santa descendiendo de Dios (Apocalipsis 21:2) y la tierra hecha nueva — el hogar que Él ha estado preparando todo este tiempo.
Y la puerta está abierta. El precio se pagó en la cruz, no lo pagó usted:
De balde. Usted no puede comprar ni un bloque de esa casa. No lo necesita. La vida eterna es «la dádiva de Dios… en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6:23). Solo falta decirle que sí.
Grann Odette nunca pudo arreglar su casa agrietada. Ahora descansa, esperando la mañana de la resurrección. Pero no murió sin esperanza. Murió aferrada a la promesa de un Carpintero que sabe construir — y que dijo que está preparando un lugar con su nombre.
Hay un lugar para su nombre también. No porque usted sea suficientemente bueno — ninguno lo es — sino porque Jesús es bueno, y le quiere en casa.
Si Jesús regresara hoy, ¿estaría usted listo para ir a casa con Él? ¿O el dolor de la vida ha hecho que el cielo se sienta lejano, como una historia para otra persona?
No es demasiado tarde, y no está demasiado lejos. Para nosotros sería un honor orar con usted, estudiar la Biblia con usted, o acompañarle mientras conoce al Jesús que le está preparando un lugar.
¿Desea conocer más de Jesús, estudiar la Biblia o profundizar en este tema? Contáctenos hoy:
📞 903-748-9353 · ✉️ jils19802012@gmail.com
O deje un comentario, envíenos un mensaje directo, y suscríbase + síganos en YouTube y Facebook.
No se pierda lo que viene. Diez hombres fueron sanados por Jesús — solo uno volvió a dar las gracias, y Jesús lo notó. Nuestro próximo devocional: «Un corazón agradecido». Suscríbase ahora para recibirlo apenas salga. Si espera, tendrá que venir a buscarlo. 🔔
COMPARTA ESTO CON ALGUIEN QUE NECESITA UNA RAZÓN PARA ESPERAR
El cielo y la tierra nueva — versión de bolsillo
| Mito | Hecho (con la Biblia) |
|---|---|
| 1. El cielo es flotar sobre las nubes para siempre. | Dios promete «un cielo nuevo, y una tierra nueva», y morará allí con su pueblo (Apocalipsis 21:1-3; 2 Pedro 3:13). |
| 2. Seremos espíritus sin cuerpo. | Jesús «transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria» (Filipenses 3:21; vea 1 Corintios 15:42-44). |
| 3. La eternidad será aburrida, sin nada que hacer. | Los redimidos «edificarán casas… plantarán viñas» (Isaías 65:21-22), y «sus siervos le servirán» (Apocalipsis 22:3). |
| 4. Al morir, uno va directo al cielo. | Los muertos en Cristo resucitarán cuando Jesús regrese (1 Tesalonicenses 4:16-17); Él viene a tomar a los suyos consigo (Juan 14:3). |
| 5. Allí todavía habrá tristeza y dolor. | «La muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4). |
| 6. La tierra nueva es solo un símbolo de un sentimiento. | Jesús dijo: «de otra manera os lo hubiera dicho» (Juan 14:2); «los mansos… recibirán la tierra por heredad» (Mateo 5:5). |
| 7. El pecado y el mal podrían empezar de nuevo. | «La tribulación no se levantará dos veces» (Nahum 1:9); «no habrá más maldición» (Apocalipsis 22:3). |
| 8. Hay que ganarse el lugar en el cielo. | La vida eterna es «la dádiva de Dios… en Cristo Jesús» (Romanos 6:23); «el que quiere, tome del agua de la vida de balde» (Apocalipsis 22:17). |
| 9. El cielo es solo para un pequeño grupo especial. | Juan vio «una gran compañía, la cual ninguno podía contar, de todas gentes» (Apocalipsis 7:9); «todo aquel que en él cree» (Juan 3:16). |
| 10. Pensar en el cielo nos hace inútiles en la tierra. | «Cualquiera que tiene esta esperanza en él, se purifica» (1 Juan 3:3); la esperanza de la tierra nueva forma una vida santa desde ahora (2 Pedro 3:11-14). |
Este estudio está fundado en la Biblia y refleja las creencias publicadas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Verifique todo usted mismo:
© 2026 Ministère du Pasteur Clément Salomon. Todos los derechos reservados. Ofrecido gratuitamente para uso personal y ministerial — compártalo sin modificar y citando la fuente; no se permite el uso comercial ni la reventa. Los textos bíblicos provienen de traducciones de dominio público; los escritos de Elena G. de White son de dominio público.