La ley de amor de Dios — la forma del amor, no el precio de la salvación
Cuando Marc tenía doce años, su madre empezó a trabajar de noche en Miami. Cada tarde, antes de salir, pegaba una hoja amarilla en el refrigerador. Cierra la puerta con llave. No le abras a nadie. No cocines en la estufa. Primero la tarea, después la tele. Llámame cuando despiertes.
Marc odiaba esa hoja. Cada regla le parecía una cerca. Durante tres años puso los ojos en blanco cada vez que la veía.
Veinte años después, ayudando a su madre a mudarse, encontró la misma hoja amarilla doblada en una caja. Su propio hijo tenía ahora doce años. Volvió a leer la lista — y por primera vez vio lo que estaba escrito al final, en letras pequeñas que nunca se había molestado en leer: «Se paske m renmen w. — Manman.» Es porque te amo.
Aquellas reglas nunca fueron una cerca. Eran amor, puesto por escrito por alguien que no podía estar en la habitación.
Ese es el secreto que la mayoría pasa por alto acerca de los Diez Mandamientos. Y está justo arriba, en la primera línea.
La mayoría salta directo al «No harás». Pero Dios no empezó allí. Antes de una sola regla, le recordó a su pueblo quién era Él y lo que ya había hecho por ellos:
Mire el orden. Dios no dijo: «Guarden estas diez reglas y después los liberaré». Primero los liberó — de la esclavitud, a través del mar, sin ninguna ayuda de ellos. Después les dio la ley.
La ley no es el precio de la salvación. Es la forma de vida de quienes ya han sido liberados. No obedecemos para llegar a ser hijos de Dios. Obedecemos porque ya lo somos.
Dios pronunció diez mandamientos breves (Éxodo 20:3-17). Léalos despacio y verá que apuntan en dos direcciones.
Siglos después, un intérprete de la ley le preguntó a Jesús cuál era el gran mandamiento. Jesús no desechó ninguno. Mostró de qué están hechos todos:
Amor a Dios. Amor al prójimo. Los Diez Mandamientos son sencillamente amor, escrito con todas sus letras para que nadie pueda decir que no entendió. Es difícil decir «amo a mi prójimo» mientras le robo o miento sobre él.
Aquí es donde muchos lo entendimos al revés. Nos enseñaron a obedecer a Dios por miedo — miedo al castigo, miedo al pastor, miedo al qué dirán. Pero escuche cómo lo dice Jesús:
No «si me tienen miedo». Si me aman. El amor va primero. La obediencia es el amor que se levanta por la mañana y se pone a trabajar.
Por eso un salmista pudo decir algo que a muchos hoy les suena extraño:
La amaba. Como Marc terminó amando aquella hoja amarilla — porque por fin vio el corazón de quien la escribió.
Esta es la pregunta que deja a miles de personas asustadas o descuidadas. Unos tienen miedo porque creen que deben guardar la ley a la perfección para ser salvos. Otros se descuidan porque creen que la gracia eliminó la ley.
La Biblia responde a ambos. Primero: la salvación es un regalo. Nadie la gana.
Segundo: ese regalo no rompe la ley de Dios. Pablo mismo hizo la pregunta y la respondió con fuerza:
Piénselo así. Un espejo le muestra la suciedad en la cara. No puede lavarla — solo el agua lo hace. Pero nadie rompe el espejo después de lavarse. La ley nos muestra dónde necesitamos a Jesús. Jesús nos lava. Y entonces la ley se vuelve el retrato de la vida que Él hace crecer en nosotros.
Algunos tratan los Diez Mandamientos como el menú de un restaurante: «Me quedo con "no matarás" y "no hurtarás", pero ese otro no». Santiago nos advierte con suavidad que la ley es una sola pieza:
Eso puede asustar — hasta que uno nota cómo la llama Santiago: «la ley de libertad». La ley de Dios no es una jaula. Un tren es más libre sobre sus rieles. Un pez es más libre en el agua. Somos más libres cuando vivimos como nuestro Creador nos diseñó — y eso incluye descansar con Él el día que Él bendijo (vea nuestro estudio «El regalo del descanso de Dios»).
¿Y si acaba de darse cuenta de que ha fallado en más de un punto? Qué bueno. Es el espejo haciendo su trabajo. Ahora corra al agua: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad» (1 Juan 1:9).
Pablo lo resume en una línea que podría pegar en su refrigerador:
(«Caridad» es la palabra antigua para el amor.) El amor no busca excusas. El amor no pregunta: «¿Qué es lo mínimo que puedo hacer?». El amor pregunta: «¿Cómo honro a Aquel que me salvó, y bendigo a la persona que tengo delante?».
Esta es la mejor noticia de todas. Usted no puede producir este tipo de amor esforzándose más. Solo, la hoja amarilla se queda en el refrigerador y usted sigue poniendo los ojos en blanco.
Pero Jesucristo guardó la ley perfectamente — por usted. Murió por cada punto en que usted falló. Resucitó. Y por el Espíritu Santo hace una promesa que ninguna regla podría hacer:
La ley pasa de la piedra al corazón. Del «tengo que» al «quiero». De una cerca a una carta de amor — firmada abajo por un Padre que dice: «Es porque te amo.»
¿Ha estado obedeciendo a Dios por miedo, o ha ignorado su ley pensando que la gracia la borró? En cualquier caso, Jesús le ofrece algo mejor esta noche.
No tiene que resolverlo solo. Para nosotros sería un honor orar con usted, estudiar la Biblia con usted, o acompañarle mientras conoce al Dios que está detrás de los mandamientos.
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La ley de amor de Dios — versión de bolsillo
| Mito | Hecho (con la Biblia) |
|---|---|
| 1. Guardar los Diez Mandamientos es la manera de ganar la salvación. | Somos salvos por gracia por la fe, «no por obras» (Efesios 2:8-9). Dios liberó a Israel antes de dar la ley (Éxodo 20:2). |
| 2. La gracia anula la ley. | «¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes establecemos la ley» (Romanos 3:31). |
| 3. Jesús vino a abolir la ley. | Jesús dijo: «no he venido para abrogar, sino á cumplir» (Mateo 5:17). |
| 4. La ley de Dios es fría y dura. | Toda la ley depende del amor a Dios y al prójimo (Mateo 22:37-40); «el cumplimiento de la ley es la caridad» (Romanos 13:10). |
| 5. Debemos obedecer a Dios sobre todo por miedo al castigo. | «Si me amáis, guardad mis mandamientos» (Juan 14:15); «sus mandamientos no son penosos» (1 Juan 5:3). |
| 6. Puedo guardar los mandamientos que me gustan y saltarme los demás. | La ley es un todo; fallar en un punto es quebrantar la ley (Santiago 2:10-11). |
| 7. La ley de Dios me quita la libertad. | Santiago la llama «la ley de libertad» (Santiago 2:12); «Y andaré en anchura, porque busqué tus mandamientos» (Salmos 119:45). |
| 8. Los Diez Mandamientos eran solo ideas de Moisés. | Dios los habló (Éxodo 20:1) y los escribió en piedra «con el dedo de Dios» (Éxodo 31:18). |
| 9. Con suficiente fuerza de voluntad puedo guardar la ley perfectamente por mí mismo. | «Todos pecaron» (Romanos 3:23); Dios promete escribir su ley en nuestro corazón (Hebreos 8:10; Ezequiel 36:26-27). |
| 10. Si ya quebranté la ley de Dios, Él terminó conmigo. | «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone» (1 Juan 1:9); «cuando el pecado creció, sobrepujó la gracia» (Romanos 5:20). |
Este estudio está fundado en la Biblia y refleja las creencias publicadas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Verifique todo usted mismo: