La noche en que Dios se mudó a nuestro barrio — y decidió quedarse.
Esta es una historia que muchas de nuestras familias han vivido. Rose es enfermera en Miami. En Nochebuena trabaja el turno de noche.
Allá en Les Cayes, su madre se prepara para el culto de la noche. Rose recuerda los fanals que sus hermanos fabricaban cada diciembre — faroles de papel en forma de casitas e iglesias, con una vela encendida por dentro. Recuerda los cantos en la oscuridad.
Este año hay una silla vacía en la mesa de su madre. Su padre murió en la primavera. Y Rose está a más de dos mil kilómetros, contando pastillas bajo las luces del hospital.
Cerca de las once, se enciende el timbre de la habitación 12. Es el señor Antoine, un anciano que no ha tenido visitas en toda la semana. Ella entra deprisa. «¿Tiene dolor?»
«No», dice él, un poco avergonzado. «¿Está muy ocupada? Es que… no quería estar solo esta noche».
Rose acerca una silla. Se queda con él diez minutos. No hablan mucho. Cuando se levanta para irse, él le aprieta la mano: «Gracias por quedarse».
Manejando a casa al amanecer, Rose entendió la Navidad mejor que nunca. Porque toda la historia de la Navidad habla de Alguien que no se limitó a mandar una tarjeta desde lejos. Vino. Y se quedó.
Setecientos años antes de Belén, Dios le dio a su pueblo una señal por medio del profeta Isaías:
Pasaron los siglos. Entonces un ángel le habló a un carpintero preocupado llamado José. María esperaba un hijo, y ese hijo venía del Espíritu Santo. El ángel le dijo a José qué nombre ponerle, y Mateo explica lo que todo eso significa:
Dos nombres. Dos promesas. Jesús — él salva. Emanuel — Dios con nosotros. No un Dios por encima de nosotros, mirando de lejos. No un Dios en contra de nosotros, esperando para castigar. Dios con nosotros.
Isaías vio todavía más. Vio a un bebé — y luego vio quién era realmente ese bebé:
Léalo despacio. Un niño nos es nacido — es verdaderamente humano. Un Hijo nos es dado — es el regalo de Dios venido del cielo. Las manitas que apretaban el dedo de María eran las manos que hicieron las estrellas (Juan 1:3). Esa es la maravilla de la Navidad: el Dios fuerte se hizo tan pequeño que se le podía cargar en brazos.
Dios incluso le dijo a su pueblo dónde sucedería:
Note dos cosas. Primero, Belén era pequeña. A Dios le encanta hacer cosas grandes en lugares pequeños — una aldea, un pesebre, un corazón que se siente olvidado. Segundo, el Señor que nació allí tiene salidas «desde el principio, desde los días del siglo». Su vida no comenzó en Belén. Solo su vida humana comenzó allí. El Hijo eterno de Dios entró en el tiempo.
Lucas nos cuenta que el imperio publicó un edicto. Todos tenían que viajar para empadronarse (Lucas 2:1-5). Así que José y María caminaron hasta Belén, lejos de su casa, porque un gobierno lo ordenó.
Muchos de nosotros conocemos esa historia desde adentro: papeles, oficinas, filas largas y una ciudad nueva donde nadie sabe tu nombre.
No había lugar. El Rey del cielo nació entre animales, y su primera cama fue un comedero. Si alguna vez ha sentido que no había lugar para usted — ni en la familia, ni en el país, ni en la iglesia — recuerde esto: Jesús conoce ese sentimiento desde la primera noche de su vida.
¿Quién oyó la noticia primero? No el rey. No los sacerdotes. Trabajadores.
Hombres del turno de noche, cansados y con frío, oliendo a oveja. Y el cielo se iluminó sobre sus cabezas:
Os ha nacido. No solo a la gente importante. A los pastores. A las enfermeras. A los choferes, a los que limpian, a los estudiantes, a las abuelas. A todo el pueblo. Entonces todo el cielo se puso a cantar:
Juan cuenta la Navidad sin pesebre ni estrella. La cuenta en una sola frase:
La palabra que Juan usa para «habitó» significa «puso su tienda». Dios plantó su tienda justo al lado de la nuestra. Aprendió a caminar. Trabajó con sus manos. Tuvo hambre, cansancio y tristeza. Conoce nuestra calle.
Y vino en el momento exacto:
¿Para qué vino? Para traernos de vuelta. Para adoptarnos. La Navidad significa que usted no es un extraño para Dios. Por medio de Jesús puede pertenecer a su familia.
El pesebre no fue el final de su descenso. Fue solo el primer escalón:
Del pesebre a la cruz, Jesús siguió acercándose — hasta lo más bajo, hasta donde estamos nosotros, hasta la muerte misma. La madera del pesebre apunta a la madera de la cruz. Nació para poder morir por nosotros. Y resucitó para que pudiéramos vivir con él para siempre.
Tal vez esta temporada es difícil para usted. Tal vez está lejos de su tierra. Tal vez hay una silla vacía en su mesa, como la de Rose. La Navidad no borra ese dolor. Pero le dice algo verdadero sobre él: Dios no se quedó lejos de su tristeza. Entró en ella.
Y Emanuel no se fue cuando volvió al cielo. Antes de ascender, Jesús prometió:
Y la historia no ha terminado. El Niño de Belén es el Salvador que dijo: «vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo» (Juan 14:3). La primera vez vino como un bebé en un pesebre. La próxima vez vendrá en gloria — y ese día, cada silla vacía del pueblo de Dios volverá a llenarse (1 Tesalonicenses 4:16-17).
Una palabra sencilla sobre la fecha: la Biblia no nos dice el día en que nació Jesús. El 25 de diciembre es una fecha que la iglesia escogió mucho después, no una fecha dada en las Escrituras. Lo que importa no es el calendario, sino la Persona: Dios realmente vino, y realmente salva. Esta temporada es simplemente un momento en que muchos corazones están abiertos para escuchar la historia.
El señor Antoine no necesitaba un discurso esa noche. Necesitaba que alguien se quedara. Rose le dio diez minutos y una silla.
Dios nos dio mucho más. Nos dio a su Hijo. Jesús no visitó nuestro mundo por una noche; vivió nuestra vida, cargó nuestro pecado y prometió no dejarnos nunca. Esa es la buena noticia de Emanuel: usted no está solo esta noche.
Así que hágale lugar. Ahí donde está — en el hospital, en la cocina, en un apartamento pequeño lejos de su tierra — dígale: «Jesús, aquí hay lugar para ti». Él ha estado esperando para entrar.
¿Hay lugar para Jesús en su vida esta temporada? ¿O lo siente lejos, como una historia de hace mucho tiempo?
No tiene que descubrirlo solo. Sería un honor orar con usted, abrir la Biblia con usted y ayudarle a conocer al Jesús que se acercó — y que está cerca de usted hoy.
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Emanuel — versión de bolsillo
| Mito | Hecho (con la Biblia) |
|---|---|
| 1. La Biblia dice que Jesús nació el 25 de diciembre. | La Biblia no da ninguna fecha. Lucas cuenta las circunstancias (Lucas 2:1-7), no el día. Lo que importa: «venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo» (Gálatas 4:4). |
| 2. Jesús comenzó a existir en Belén. | «Sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo» (Miqueas 5:2); «En el principio era el Verbo… y el Verbo era Dios» (Juan 1:1-2). |
| 3. Jesús fue solo un buen hombre o un gran maestro. | Isaías lo llama «Dios fuerte» (Isaías 9:6), y «el Verbo era Dios» (Juan 1:1) — y sin embargo fue verdaderamente humano: «aquel Verbo fue hecho carne» (Juan 1:14). |
| 4. Dios está demasiado lejos para interesarse por la gente común. | El primer anuncio fue para pastores que trabajaban de noche (Lucas 2:8-11). Su nombre es «Con nosotros Dios» (Mateo 1:23). |
| 5. El corazón de la Navidad son los regalos y las fiestas. | El corazón es un Salvador: «os ha nacido hoy… un Salvador, que es CRISTO el Señor» (Lucas 2:11); «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito» (Juan 3:16). |
| 6. «Dios con nosotros» solo fue verdad hace 2.000 años. | Jesús prometió: «yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20). |
| 7. La historia del pesebre es solo para niños. | El Niño del pesebre «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:8). Belén lleva al Calvario. |
| 8. Hay que ser importante o rico para ser bienvenido junto a Jesús. | Lo acostaron en un pesebre porque «no había lugar» (Lucas 2:7); «por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico» (2 Corintios 8:9). |
| 9. «Paz en la tierra» significa que los creyentes ya no tendrán problemas. | Jesús dijo: «En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16:33). Él da paz con Dios (Romanos 5:1) en medio de las pruebas. |
| 10. La historia termina en Belén. | Jesús prometió: «vendré otra vez» (Juan 14:3); «la segunda vez… será visto de los que le esperan para salud» (Hebreos 9:28). |
Este devocional se basa en la Biblia y refleja las creencias publicadas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Verifíquelo todo usted mismo:
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