Siete lecturas breves. Un pensamiento. Una oración. Una sola Persona.
Josué tenía treinta y un años cuando su tía le entregó la caja. Adentro había cartas — siete — escritas por el padre que murió cuando Josué tenía dos años. Toda su vida había oído hablar de aquel hombre. Cada quien tenía una historia. Era alto. Hacía reír a todos. Trabajaba duro. Te quería. Pero siempre era la voz de otra persona la que se lo contaba.
Tuvo miedo de abrir la primera carta. Se quedó una semana sobre su mesa. Luego, una noche, la abrió y leyó una página. La noche siguiente, otra. Para la séptima noche algo había cambiado dentro de su pecho, y no se lo podía explicar a nadie. Ya no sabía solamente cosas sobre su padre.
Conocía su voz.
Esta historia le importa a usted por una razón. Casi todo el mundo ha oído hablar de Jesús. Le han dicho que es bueno, o severo, o lejano, o enojado, o una bonita idea para los débiles. Pero hay cuatro libros en la Biblia — Mateo, Marcos, Lucas y Juan — donde no es otro quien lo describe. Él habla. Camina. Toca a la gente. Llora. Usted puede oír Su propia voz.
Este plan dura siete días. Nada más. Una lectura breve, un pensamiento, una oración. No necesita una iglesia, ni un título, ni un pasado limpio. Necesita una Biblia, siete minutos de calma y un corazón sincero.
¿Por qué empezar por los Evangelios? Porque Jesús dijo que toda la Biblia lo señala a Él: «Escudriñad las Escrituras… ellas son las que dan testimonio de mí» (Juan 5:39). Empiece donde es más fácil verlo; el resto del Libro se abrirá después.
Lectura: Juan capítulo 1.
Pensamiento. Antes de Belén. Antes de la estrella, antes de María, antes de los animales en aquel cuarto prestado — Él ya existía. Juan dice que todas las cosas por Él fueron hechas (Juan 1:3). Las manos que formaron las montañas se volvieron las manos de un recién nacido.
Y fíjese en el orden de esas palabras: gracia y verdad. La gracia va primero. Cualquier verdad que Él le diga sobre usted esta semana, se la dice con la gracia ya presente en la sala. Por eso puede seguir leyendo sin miedo.
Oración. Jesús, he oído hablar de Ti por otros. Esta semana quiero oírte a Ti. Abre mis ojos en estas páginas. Amén.
Lectura: Lucas capítulo 15.
Un capítulo, tres historias: una oveja perdida, una moneda perdida, un hijo perdido. Observe lo que hacen el pastor, la mujer y el padre — salen a buscar. En este capítulo nadie espera a que lo perdido encuentre solo el camino de vuelta.
Pensamiento. Lea ese versículo tres veces. Aún estaba lejos. El hijo no había llegado. No había terminado su discurso. Todavía olía a los cerdos. Y el padre corrió.
Note además lo que eso significa: lo vio cuando todavía estaba lejos. Es decir, aquel anciano llevaba tiempo vigilando el camino. Mucho tiempo. Ése es el rostro de Dios que Jesús quería dejarnos en la mente.
Y cuando el hijo entró, el cielo no suspiró. El cielo hizo fiesta: «habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente» (Lucas 15:7).
Oración. Padre, me fui más lejos de lo que quería. Gracias porque sigues vigilando el camino. Voy de regreso a casa. Amén.
Lectura: Marcos capítulos 4 y 5.
En dos capítulos cortos Jesús enfrenta cuatro cosas que aterran a la gente: una tormenta que mata, un hombre que ninguna cadena podía sujetar, una enfermedad que llevaba doce años agotando a una mujer, y la muerte de una niña pequeña. Observe cómo trata cada una — y note que nunca se le ve apurado.
Pensamiento. Los discípulos le hicieron una pregunta que todos hemos hecho: «¿no tienes cuidado que perecemos?» (Marcos 4:38). Él estuvo en la misma barca que ellos todo el tiempo. Él nunca estuvo en peligro, y ellos tampoco — solo que aún no lo sabían.
Después una mujer toca el borde de Su ropa entre la multitud y Él detiene todo por ella (Marcos 5:30-34). Y cuando llega el aviso de que la niña ya murió, se vuelve al padre y dice la frase que sostiene todo este día:
Nada de esa lista era demasiado grande para Él. Y nada era demasiado pequeño.
Oración. Señor Jesús, Tú conoces la tormenta en que estoy. Hoy te traigo aquello que más miedo me da. Amén.
Lectura: Mateo capítulos 5, 6 y 7.
Éste es el Sermón del Monte — el sermón más famoso jamás predicado. Léalo despacio, y note por dónde empieza.
No empieza por los fuertes. Empieza por los que tienen las manos vacías: «Bienaventurados los pobres en espíritu» (Mateo 5:3), y por los que lloran, y por los que tienen hambre de justicia. Si alguna vez ha sentido que no tenía nada que ofrecerle a Dios, Él empieza este sermón con usted.
Pensamiento. Lea Mateo 6:25-34 si le preocupa el dinero, la comida o el mañana. Jesús señala pájaros y flores y hace una pregunta que nadie puede responder: si Dios viste la hierba, ¿qué le hace pensar que se olvidó de usted?
Luego termina con una imagen en vez de una regla — dos casas, una tormenta, y una sola diferencia entre ellas:
Esto no es una escalera para subir hasta Dios. Es la forma de una vida vivida con Él, de adentro hacia afuera.
Oración. Jesús, no quiero una religión de apariencias. Edifica mi vida sobre la roca. Cámbiame por dentro. Amén.
Lectura: Juan capítulo 11.
Éste es el capítulo más difícil y más tierno de la semana. Lázaro está enfermo. Sus hermanas mandan llamar a Jesús. Jesús no viene. Lázaro muere. Y cuando Jesús por fin llega, las dos hermanas dicen la misma frase dolorida: «Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto» (Juan 11:21, 32).
Si alguna vez ha orado y no pareció pasar nada, este capítulo se escribió para usted.
Pensamiento. Y entonces llega el versículo más corto de la Biblia, y uno de los más grandes:
Deténgase ahí. Él sabía — sabía perfectamente — que en unos minutos Lázaro saldría vivo de aquel sepulcro. Lloró igual. No apuró el duelo de ellas ni les dijo que fueran fuertes. Dios se paró frente a una tumba y lloró con la gente que ama.
Note también cómo llama a la muerte antes de resucitarlo: «Lázaro nuestro amigo duerme» (Juan 11:11). Para Jesús, la tumba no es un muro. Es una noche antes de una mañana.
Oración. Señor, Tú conoces el nombre que extraño. Gracias por llorar conmigo, y por ser la resurrección. Sostenme hasta esa mañana. Amén.
Lectura: Lucas capítulo 23.
Lea éste en un lugar tranquilo. Hoy usted está mirando cómo se paga el precio.
Escuche lo primero que dice una vez puestos los clavos — antes de cualquier queja, antes de cualquier defensa:
Pensamiento. Su primera palabra desde la cruz fue perdona. No por qué. No basta. Perdona.
Y luego, horas después, uno de los malhechores que muere a Su lado — un hombre culpable, sin tiempo, sin nada que ofrecer, sin bautismo, sin una vida cambiada que mostrar, sin oportunidad de arreglar nada — simplemente pide que se acuerden de él. Ésta es la respuesta:
Si alguna vez ha pensado que había ido demasiado lejos para que Dios lo quisiera, ese hombre es su respuesta. Fue salvado en la última hora de la peor vida, con solo pedirlo.
Oración. Jesús, acuérdate de mí. No te traigo nada más que a mí mismo, y creo que para eso viniste. Gracias por la cruz. Amén.
Lectura: Juan capítulos 20 y 21.
Un sepulcro vacío antes del amanecer. Una mujer que llora en un huerto y cree que Él es el hortelano, hasta que Él dice su nombre — «María» (Juan 20:16). Una sola palabra, y ella lo sabe.
Después Tomás, que se niega a creer por la palabra de otros. Mire la paciencia de Jesús con él. No regaña al que duda. Se presenta y le ofrece Sus manos:
Pensamiento. Esa bendición lleva su nombre. Usted no lo ha visto con sus ojos — y aun así Él le llama bienaventurado por haber llegado hasta aquí.
Y luego el capítulo 21, en una playa, con el desayuno sobre el fuego. Allí está Pedro — el hombre que había prometido lealtad y luego negó a Jesús tres veces, en voz alta, en público. Jesús no le pregunta ¿por qué me fallaste? Le pregunta otra cosa, tres veces:
Tres negaciones, tres oportunidades de decir «te amo», y después un trabajo que hacer. Así restaura Jesús a las personas. No con un sermón. Con un desayuno y un segundo llamado.
Juan dice con claridad por qué escribió todo esto:
Oración. Jesús, estás vivo. Lo sabes todo de mí y aun así me pides mi amor. Sí — te amo. Muéstrame qué sigue. Amén.
Hace siete días Jesús quizá era un nombre del que hablaban otros. Si algo en estos capítulos lo conmovió, no fue casualidad, y no fue solo emoción. Fue Él.
Tres pasos sencillos, en orden:
¿Le gustaría saber más de Jesús, estudiar la Biblia o profundizar? Sería un honor orar con usted o estudiar con usted — gratis, en su idioma, a su ritmo, por teléfono o en persona. Traiga su pregunta más difícil. Nada de lo que pregunte nos escandalizará, y nada de lo que haya hecho hará que le demos la espalda.
📞 903-748-9353 · ✉️ jils19802012@gmail.com
O deje un comentario, envíenos un mensaje directo, y suscríbase + síganos + comparta en YouTube y Facebook.
No se pierda lo que viene. Cuando Jesús tiene su corazón, también le importa el resto de usted — su descanso, su plato, su energía, el cuerpo en el que tiene que vivir. Nuestro próximo estudio: «Tu cuerpo, templo de Dios: la alegría de vivir con salud» — y es una alegría, no una lista de reglas. Suscríbase ahora para recibirlo el día que salga. Si espera, tendrá que ir a buscarlo. 🔔
ENVÍE ESTO A ALGUIEN QUE HA OÍDO HABLAR DE JESÚS PERO NUNCA LO HA CONOCIDO
7 días: conocer a Jesús en los Evangelios — versión de bolsillo
Cómo dirigir este plan en una sola sesión, o a lo largo de siete días
| Mito | Hecho (con la Biblia) |
|---|---|
| 1. La Biblia es demasiado difícil para una persona común. | «El principio de tus palabras alumbra; hace entender á los simples» (Salmo 119:130). Jesús prometió que el Espíritu Santo «os guiará á toda verdad» (Juan 16:13). Sus primeros alumnos fueron pescadores y campesinos. |
| 2. Hace falta un erudito o un sacerdote que le diga lo que significa. | Los de Berea fueron elogiados por comprobar por sí mismos las palabras del predicador: «escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así» (Hechos 17:11). Los maestros ayudan; no sustituyen su propia lectura. |
| 3. Leer solo un pasaje corto al día no basta para que cuente. | Jesús dijo que vivimos «con toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4) — pan diario, no una sola comida enorme. «Lámpara es á mis pies tu palabra» (Salmo 119:105) alumbra el paso siguiente, no todo el camino de golpe. |
| 4. Los cuatro Evangelios se contradicen, así que no son de fiar. | Son cuatro testigos que describen a una sola Persona desde ángulos distintos, y lo dicen abiertamente. Lucas escribió «por orden… para que conozcas la verdad» de lo que investigó (Lucas 1:3-4), y Juan admite que dejó mucho fuera (Juan 21:25). Detalles distintos es justo lo que dan los testigos reales. |
| 5. Jesús fue solo un buen maestro o un profeta. | «En el principio era el Verbo… y el Verbo era Dios» (Juan 1:1); «por él fueron criadas todas las cosas» (Colosenses 1:16). Tomás lo llamó «Señor mío, y Dios mío», y Jesús lo aceptó (Juan 20:28). |
| 6. Dios está enojado y es difícil de abordar. | Jesús pintó a Dios como un padre que corre hacia el hijo que vuelve cuando «aún estaba lejos» (Lucas 15:20), y dijo: «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito» (Juan 3:16). |
| 7. He hecho demasiado mal para que Jesús me acepte. | «Al que á mí viene, no le echo fuera» (Juan 6:37). A un condenado se le prometió el paraíso en sus últimas horas por el solo hecho de pedirlo (Lucas 23:42-43); Pablo se llamó el primero de los pecadores y fue salvado (1 Timoteo 1:15). |
| 8. Leer la Biblia es para las emergencias — cuando llega el problema. | Jesús acudía a las Escrituras por costumbre: «entró en la sinagoga el día del sábado, conforme á su costumbre, y se levantó á leer» (Lucas 4:16). Los de Berea escudriñaban «cada día» (Hechos 17:11), y a Josué se le dijo que meditara «de día y de noche» (Josué 1:8). |
| 9. No pasa nada cuando leo — son solo palabras viejas. | «La palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos» (Hebreos 4:12). Dos viajeros que oyeron a Jesús explicar las Escrituras dijeron: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros… cuando nos abría las Escrituras?» (Lucas 24:32). |
| 10. Tengo que arreglar mi vida antes de abrir la Biblia o de orar. | «Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar» (Mateo 11:28) — Él le invita tal como está. La salvación es «por gracia… por la fe… no por obras» (Efesios 2:8-9), y es Él quien llama a la puerta (Apocalipsis 3:20). |
Este plan de lectura se basa en la Biblia y refleja las creencias publicadas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Compruébelo todo por usted mismo: